¿Por qué se regalan chocolates en el día de San Valentín?

La tradición del chocolate en San Valentín

Flores, joyas, cenas románticas en el restaurante, regalos con dulces y también muchos bombones. Todos ellos envasados ​​en cajas con forma de corazón, escondidos dentro de ositos de peluche, sueltos en cestas decoradas o bien dispuestos en paquetes lujosos y de estilo elegante, los chocolates son un gran clásico para regalar en el Día de San Valentín, uno de esos regalos que nunca pasa de moda, considerado un cliché por muchos pero aún apreciado por otros.

Al fin y al cabo, cuando apuntas al estómago, difícilmente te equivocas, y menos si conoces los gustos de tu pareja. Por años, los chocolates han sido apreciados y romantizados por cientos de personas. Desde barritas hasta untables: las opciones son muchas, sin olvidar el hecho de que es un dulce atemporal.

La comida como  muestra de amor

Hoy en día hay muchas representaciones de lo que es un “regalo perfecto” para un ser querido, pero los chocolates no siempre han sido la única muestra de amor comestible. En la antigua roma, solían esconderse anillos en los postres de sus futuros pretendientes para demostrar amor.

El chocolate, de un producto común a un postre lujoso

El chocolate era un producto antiguo y de pobre elaboración, durante mucho tiempo solo lo degustó un pequeño círculo de personas. Ya se ha escrito mucho sobre su historia y las leyendas que lleva consigo, sobre cómo pasó de ser una  bebida dulce hasta convertirse en un postre por excelencia.

Más curioso aun, es la evolución del comercio del chocolate, un proceso lento y gradual: durante siglos estuvo reservado para los más ricos y era considerado un producto de nicho. Pero no siempre fue así, no cuando el rey Hunahpu desarrolló el cultivo del cacao, según la tradición maya, ni cuando los aztecas dijeron que vieron nacer la planta de la sangre de una princesa muerta para defender el tesoro de su esposo (que si lo piensa, ya era el resultado de una gran demostración de amor). En ese momento, el chocolate era una bebida oscura, densa y amarga, que después de siglos, y una vez que llegó a Europa, se transformó en un dulce persuasivo, siendo el alimento exclusivo de los nobles.

De un artículo de lujo a un producto común

El chocolate fue un producto de lujo durante mucho tiempo antes de que se volviera de uso común. Luego estaban las cafeterías de la Venecia del siglo XVIII, donde se comenzó a vender chocolate. A partir de ese momento todo cambió y comenzó el comercio del chocolate, que se ha convertido en uno de los alimentos más queridos de todos los tiempos. Hasta el día de hoy, puede presumir de una oferta tan amplia que es capaz de seducir hasta los paladares más difíciles.

Pero, antes de su difusión masiva la «comida de los dioses» también se usaba como moneda de cambio, debido al alto precio asociado al transporte de cacao en grano desde el centro y el sur de América. Era un producto de élite destinado únicamente a las clases acomodadas, el chocolate representaba por tanto un regalo de valor inconmensurable, el mismo que hoy podría atribuirse a un diamante, que por cierto, es una piedra preciosa considerada símbolo del amor más puro y duradero.

El valor del chocolate y el ejemplo de los huevos de Pascua

El chocolate siempre ha sido uno de los obsequios más utilizados por las poblaciones antiguas. Los persas, por ejemplo, los consideraban un signo de bienvenida a la temporada primaveral, los chocolates eran una muestra típica de amor entre parejas en la Edad Media, así como un trofeo para los deportistas.

En el siglo XIV se convirtieron en símbolo de la Pascua, una versión que llevaba pequeños regalos dentro, y eran pintados a mano con colores brillantes que asemejaban la luz del sol.

El chocolate no es un alimento afrodisíaco

En definitiva, el intercambio de bombones en San Valentín es un ritual vinculado, puramente, al valor económico que el producto tenía en el pasado y no, como se suele pensar, a la moda de los alimentos afrodisíacos que muchos consumidores parecen seguir buscando.

Aunque muchos todavía creen en ello, la ciencia ya se ha expresado en varias ocasiones sobre la posible existencia de alimentos de este tipo que, en respuesta, no existen; pero, básicamente creer que una pizca de canela vigoriza la pasión no le hace daño a nadie. Con un ambiente agradable, una buena botella de vino y un poco de emoción, el efecto placebo está garantizado. Y más allá de las propiedades afrodisíacas fantasma, el mero acto de compartir un chocolate es sin duda, íntimo y romántico. Su aroma, color intenso y sabor tiene un impacto positivo en los sentidos.

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